https://www.nationalgeographic.com.es/naturaleza/por-que-es-tan-importante-capa-ozono_18767
Si los últimos años han estado marcados por un fenómeno indiscutible, es el creciente ritmo al que evoluciona la tecnología. Esta velocidad imparable a la que los dispositivos que utilizamos mejora, hace que al poco tiempo de disponer de ellos tengamos que cambiarlos. A veces por simple capricho, otras por necesidad, ya que el avance imparable de tecnología hace que nuestros aparatos se queden obsoletos muy rápidamente, desechamos a diario toneladas de productos electrónicos. De hecho el PNUMA -Programa para el Medio Ambiente de las Naciones Unidas- calcula que se generan en todo el mundo cerca de 50 millones de toneladas de aparatos electrónicos que son desechados anualmente.
Se generan en todo el mundo cerca de 50 millones de toneladas de desechos electrónicos al año
Estos, son complejos, y en su interior albergan una serie de materiales altamente contaminantes y que en muchas ocasiones van a parar a los lugares más insospechados. Así en los residuos electrónicos encontramos materiales peligrosos como metales pesados: mercurio, plomo, cadmio, plomo, cromo, arsénico o antimonio, los cuales son susceptibles de causar diversos daños para la salud y para el medio ambiente. En especial, el mercurio produce daños al cerebro y el sistema nervioso, el plomo potencia el deterioro intelectual, ya que tiene efectos perjudiciales en el cerebro y todo el sistema circulatorio; el cadmio, puede producir alteraciones en la reproducción e incluso llegar a provocar infertilidad; y el cromo, está altamente relacionado con afecciones en los huesos y los riñones. Por poner algunos ejemplos, un solo tubo de luz fluorescente puede contaminar 16.000 litros de agua; una batería de níquel-cadmio de las empleadas en telefonía móvil, 50.000 litros de agua; mientras que un televisor puede contaminar hasta 80.000 litros de agua.
No obstante, del mismo modo, en la basura electrónica, encontramos una gran variedad de materiales y plásticos valiosos. Hasta 60 elementos de la tabla periódica pueden hallarse en la electrónica compleja. Muchos de ellos son técnicamente recuperables, aunque existen límites establecidos por el mercado. Los desechos electrónicos contienen metales preciosos incluyendo oro, plata, cobre, platino, y paladio, pero también un valioso volumen de hierro y aluminio y plásticos, que pueden reciclarse. Las estimaciones calculan que de los desechos electrónicos pueden obtenerse hasta 55.000 millones de euros al año en materiales. De acabar en el lugar adecuado, en vez de resultar perjudiciales, podrían ser una fuente inestimable de riqueza, por ello la próxima vez que cambies de teléfono, ordenador o televisor, es importante llevarlo a un punto adecuado de recogida.
Movilízate por la selva
La campaña de reciclaje de móviles "Movilízate por la selva" es una iniciativa del Instituto Jane Goodall España para sensibilizar a la ciudadanía sobre las consecuencias que nuestra alta demanda de coltán, casiterita y otros minerales para productos electrónicos tiene en nuestro entorno y en los lugares de origen, como la República Democrática del Congo. Allí, la guerra por el control de las minas ha producido ya unos 6 millones de muertos y casi 3 millones de refugiados, deforestación, contaminación y matanzas de animales en peligro de extinción como gorilas y chimpancés.
De este modo. a través de la iniciativa, al mismo tiempo que informa y educa, la campaña permite el reciclaje de móviles en desuso a través de su envío gratuito con etiquetas prefranqueadas, disponibles en la web de la campaña. También, solo con participar, los donantes de móviles tienen la posibilidad de ganar apadrinamientos Chimpamigosgratuitos por un año. Los fondos obtenidos por el reciclaje se destinarán además al desarrollo de proyectos educativos y de conservación en África.
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https://www.nationalgeographic.com.es/mundo-ng/peligros-basura-electronica_13239
Pese a estar fabricados con materiales como el oro, la plata, el platino, y otros semiconductores muy valiosos, solo una ínfima parte de los dispositivos móviles que se desechan cada año será reciclada.
La humanidad se acerca a un ritmo vertiginoso hacia los 8.000 millones de personas en todo el planeta. Se calcula que en el mundo existen en la actualidad unos 16.000 millones de teléfonos, lo que significa que cada persona, de media, sería poseedora de dos dispositivos móviles. De todos estos teléfonos, los expertos calculan que solo en 2022 más de 5.000 millones de ellos acabarán desechados o guardados en un cajón, algo que en el primer caso podría suponer un gran problema debido a la gran cantidad de materiales peligrosos de los que están compuestos para el medio ambiente.
"Los teléfonos inteligentes son uno de los productos electrónicos que más nos preocupan", explica Pascal Leroy, director general de WEEE Forum, una asociación sin ánimo de lucro que representa a 46 organizaciones que gestionan el reciclaje de este tipo de residuos, conocidos como basura electrónica.
A pesar de contener oro, cobre, plata, paladio y otros componentes reciclables de gran valor, una vez trascurrida la vida útil de estos productos, lo más probable es que, acaben desechados o incinerados, lo que puede provocar daños significativos a la salud y el medio ambiente. Por otro lado, no recuperar este tipo de materiales, e incluso otros más difíciles de obtener, los conocidos como tierras raras, podría suponer que en el futuro tengamos que obtenerlos de países como China, el Congo u otros donde la legislación para la protección del medio ambiente es, en el mejor de los casos, extremadamente laxa. Todo ello, además, con el problema añadido de depender de otras economías para obtener ciertos elementos que se presentan indispensables para el futuro.
Otros dispositivos, por el contrario, según una encuesta realizada en 6 países europeos entre junio y septiembre de 2022, se guardarán en los hogares en vez de ser desechados a la basura, y es que según el informe de WEEE Forum, en los hogares europeos se acumulan en promedio por persona hasta 5 kilogramos de basura electrónica.
Según Leroy, "la gente tiende a no darse cuenta de que todos estos artículos aparentemente insignificantes tienen mucho valor y juntos a nivel global representan volúmenes masivos, por eso es esencial la legislación". En este sentido, en octubre de 2022, el parlamento de la Unión Europea aprobó una nueva ley que estandariza el cargador para todos los teléfonos inteligentes, tabletas y cámaras a partir de finales de 2024. Así, se espera que la obligación del uso del USB-C para todos estos dispositivos redunde en un ahorro de aproximadamente 200 millones de euros y reduzca en más de 1.000 toneladas métricas los desechos electrónicos que se generan cada año en la Unión Europea.
Según Kees Balde, especialista científico sénior del Instituto de las Naciones Unidas para la Formación y la Investigación -UNITAR-, la legislación en Europa, donde en la actualidad se recicla entre el 50% y el 55% de la basura electrónica, ha dado como resultado las tasas de recogida de desechos electrónicos más altas del mundo.
Sin embargo, muchos de estos desechos acaban a menudo en países de bajos ingresos, donde cada año se reciben toneladas de basura electrónica desde los países más desarrollados, y donde el porcentaje de reciclaje de los mismos en muchas ocasiones no alcanza el 5%. El verdadero desafío del futuro, según Leroy, es transferir el modelo de reciclaje a los países menos desarrollados, ya que sin las medidas adecuadas en los próximos 30 años la cantidad de residuos electrónicos podría duplicarse.
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¿Cuánto contamina un vuelo de pasajeros? ¿Es viajar en avión sostenible? ¿Existen alternativas futuras para hacer el sector más eficiente? Repasamos algunos datos sobre el transporte aéreo.
Podríamos decir sin miedo a equivocarnos que 2 de los indicadores más representativos del grado de desarrollo de una sociedad son el consumo de energía y, muy en relación a este, la capacidad de transporte. En la historia encontramos numerosos ejemplos de como la mejora en estos dos ámbitos se han traducido en un incremento proporcional de la prosperidad para los seres humanos: el dominio del fuego y el empleo del carbón o los combustibles fósiles dan fe de ello en el primer caso; y el desarrollo de la rueda o la domesticación de animales como el caballo en el segundo.
En este sentido, el último de estos grandes avances que más recientemente ha cambiado el mundo es sin duda el avión. Desde su gran explosión en los años 90, el transporte aéreo ha conectado el planeta como nunca antes, acortando enormemente las distancias y haciendo, si cabe, del mundo un lugar mucho más pequeño y accesible.
Sin embargo, esta nueva forma de movernos por el mundo, según se aboga desde distintos ámbitos, representa, en términos de emisiones, una forma poco eficiente de viajar. Según datos de Air Transport Action Group -IATA-, una coalición de expertos de la industria de la aviación centrada en cuestiones de desarrollo sostenible, la aviación es responsable del 12% de las emisiones asociadas con el transporte a nivel mundial, una cifra que no obstante la comisión europea eleva hasta el 13,9%. Esto sitúa a la aviación como la segunda mayor fuente de contaminación del sector, solo detrás del transporte por carretera.
Una de las mayores críticas hacia el sector, guarda relación con la gran cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero, más teniendo en cuenta que según las estimaciones de la Agencia Europea de Seguridad Aérea -AESA- el número de pasajeros de avión crecerá un 42% para el año 2040, una cifra se eleva hasta el 100% según los datos de IATA.
Pero, ¿cuán contaminante es verdaderamente viajar en avión? Según los datos previos a la pandemia, el sector de la aviación produjo en el año 2019 aproximadamente 915 millones de toneladas de CO2 a nivel mundial, lo que representa el 2,1% del total de las emisiones anuales emitidas por el ser humano. Un vuelo de conexión entre Londres y Nueva York, produce por su parte unas emisiones de 986 kilogramos de dióxido de carbono por pasajero.
No obstante, otros datos a tener en cuenta son que alrededor del 80% de estas emisiones procedieron de vuelos de más de 1.500 kilómetros para los que no existe un modo alternativo de transporte práctico; que a nivel mundial, hoy la ocupación media de los aviones es casi de un 83%, muy superior a la media de otros modos de transporte; y que la modernización de la flota de aviones junto al desarrollo de nuevos tipos de combustibles (SAF), se traduce en que los aviones más modernos emplean menos de 3 litros de combustibles por cada 100 pasajeros y kilómetro, lo que equipara la eficiencia energética del transporte aéreo con la de la mayoría de los coches modernos.
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https://www.nationalgeographic.com.es/medio-ambiente/el-coste-ambiental-de-la-aviacion_19260
Exacerbados por el cambio climático, el calor y la sequía son los factores abióticos que representan la mayor amenaza para la seguridad alimentaria y la producción agrícola.
De entre todos los factores de los que depende la agricultura, y por tanto la capacidad de proporcionar al mundo el alimento suficiente como para cubrir sus necesidades, el calor y la sequía se sitúan como dos de los que habrá que tener mas en cuenta en un futuro próximo. Al menos eso es lo que se desprende de un estudio que bajo el título Plants adaptability to climate change and dry stress for crop growth and production se publica esta semana en la revista Cabi Reviews.
En él, el equipo de científicos internacionales dirigido por el doctor Aqarab Husnain Gondal, de la Universidad de Agricultura Faisalabad, en Pakistán, sugiere que cada vez resulta más imprescindible comprender las respuestas bioquímicas, ecológicas y fisiológicas de las plantas al estrés del calor y la sequía para lograr soluciones y una gestión más práctica.
Entre 1980 y 2015, la sequía ha reducido los rendimientos del trigo y maíz hasta en un 40 % en todo el mundo.
"Debido a los daños físicos, las alteraciones biológicas y las anomalías bioquímicas, los suministros de agua por debajo del nivel óptimo y las temperaturas inusuales tienen un impacto negativo en el desarrollo y el rendimiento de los cultivos", explica Husnain.
De este modo, refiriéndose a una revisión que analizó los rendimientos del cultivo del maíz durante más de 3 décadas, los investigadores han podido comprobar que entre 1980 y 2015, la sequía ha reducido los rendimientos del trigo y el maíz hasta en un 40 % en todo el mundo. De hecho, el aumento de cada grado centígrado se traduce en una pérdida del 6 % en la producción mundial de trigo.
El aumento de cada grado centígrado se traduce en una pérdida del 6 % en la producción mundial de trigo.
“El estrés abiótico está reduciendo el rendimiento de los cultivos en todo el mundo", explica Husnain. "Y concretamente el estrés por calor y la sequía están haciendo que las plantas respondan de diversas maneras, la más notable de las cuales es alterando su desarrollo y morfología", continúa. “Si bien la capacidad de las plantas para resistir estas presiones difiere significativamente entre especies, vale la pena señalar que recientemente se han logrado avances para limitar estas consecuencias adversas, ya sea mediante el uso de métodos genéticos o mediante la inducción de tolerancia al estrés”, añade.
Sin embargo, los científicos sostienen que a pesar de que el estrés por calor y sequía puede tener un impacto negativo en el crecimiento y desarrollo de la planta, el crecimiento reproductivo, es decir, el proceso en que los azucares formados por la planta son transferidos a la flor para la posterior formación del fruto, es el más afectado, siendo este uno de los más importantes para la producción de alimentos de origen agrícola.
https://www.msn.com/es-es/ciencia/microbiolog%C3%ADa/bacterias-come-uranio-un-equipo-espa%C3%B1ol-descubre-en-una-antigua-mina-la-gran-esp...